La provincia de Huelva nos ocupa y preocupa en la última de las conversaciones pendientes. Y no por retrasarla parece que mejore. En los últimos cuatro años, la provincia de Huelva ha sufrido un tsunami económico de proporciones descomunales.
Por sintetizar los datos:
- En crecimiento económico hemos pasado de crecer al 4% en el año 2007 ha decrecer al –4% durante el año 2.009. Con dos ejercicios de crecimiento negativo como el 2009 y 2010.
- En desempleo hemos pasado de liderar la creación de empleo en Andalucía, en los años de bonanza, a liderar la destrucción de empleo. En enero de 2007 el número de parados en la provincia era de 29.014 personas y a enero de 2011 son 57.483 personas.
- Los precios han tenido un comportamiento errático en estos años. De la moderación del año 2008 se pasó a la deflación del 2009 y al alza de precios en 2010, que ha terminado con una tasa del 3%.
Simplemente del análisis de estas magnitudes podemos colegir que estamos ante la mayor y más duradera de las crisis económicas conocidas y estudiadas en nuestra provincia. Y hago este matiz porque en la historia económica de esta provincia existen lagunas de indicadores que permitan establecer una comparación homogénea de los datos. No obstante, podemos asegurar que de los últimos 33 años, por poner de referencia el comienzo de la etapa democrática, nunca habíamos sufrido un desierto económico como éste.
Entramos en el cuarto año de crisis, si empezamos a contar a partir de 2.008, y en términos de crecimiento económico estamos ante lo que se define con estanflación, es decir, estancamiento, paro e inflación, dejando atrás el año 2.009 donde una situación de deflación hizo pensar que estábamos ante una crisis de consecuencias inimaginables. Y es que esta crisis ha tocado a todos los sectores económicos en nuestra provincia.
La agricultura sobrevive a la presión de márgenes que imponen las grandes superficies a los productores, unido a la restricción al crédito que ha hecho que las campañas hayan tenido grandes dificultades para verles el “fruto”. Sin embargo, apuntan a que esta campaña fresera ha sido moderadamente mejor que la anterior y que el consumo de productos agrícolas no ha descendido más de lo que lo ha hecho en ejercicios anteriores.
En cuanto al sector industrial, no me centraré en las grandes empresas que han capeado esta crisis con mayores recursos que la mayoría de talleres de montaje y construcción de la provincia que han hecho auténticos milagros para cerrar ejercicios sin echar el cierre. En este sentido, cabe denunciar que la situación financiera le ha dado la puntilla al sector industrial pyme onubense. Principalmente porque para acceder al crédito hay que acreditar resultados positivos en las cuentas cuando la realidad económica dice que el ritmo de trabajo y el número de contratos ha descendido en un 30% en la mayoría de los casos. La desaparición del sector naval y la caída de industrias en el entorno de la capital han hecho que la industria auxiliar haya caído por el efecto domino o efecto mariposa.
En cuanto a la construcción y los servicios asociados al consumo, la desolación ha sido la tónica dominante en uno y otro sector. La construcción con un peso de casi el 25% del PIB provincial se ha desplomado dejando tras de sí un desierto empresarial donde sólo “los de siempre” del sector siguen al “pie del cañón” reinventándose cada día.
Finalmente, el turismo es el que ha salvado la cara convirtiéndose en un oasis dentro de este Sahara económico. Aprendamos de este sector. No quiero decir que todo sea turismo, no! Digo que este sector se ha levantado desde la sostenibilidad, desde el respeto al medio ambiente, desde el hacer las cosas bien.... quizás porque llegamos tarde a él y sabemos lo que no debemos ser. Pero hay un talón de Aquiles en este sector y se llama comunicaciones e infraestructuras (leer cualquier artículo del profesor Vargas para saber la auténtica dimensión de esta carencia).
http://www.heconomia.es/proveedores.asp?o=-1990144851

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